Sin Palabras

Muchas cosas me enojan sobre los tabúes, pero lo principal, es haber sido esa amiga que no sabía qué decir.

Sin filtro marzo20182ojosabiertos.jpg

Ilustración: Alejandro Herrerías

Siempre es fácil no hablar las cosas. Simplemente poner los temas incómodos debajo de un mantel, ponerle un florero bonito encima, y nunca volver a saber de ellos. Adiós, hasta nunca. Y puedes vivir tranquilamente, en modo relax-o-visión, en un tono pasivo… aunque claro, poco a poco esa paz se irá sintiendo como un infierno interior absoluto.

Las mujeres, especialmente, vivimos con muchos de esos infiernillos que no nos permiten vivir libremente, y que la mayoría de las veces dejamos pasar, porque es mejor que hacer un escándalo. Pero la verdad es que, mientras más nos damos cuenta del silencio sepulcral que hemos guardado durante varios años, nuestro enojo crece y las ganas de gritar aumentan. Y no solamente hablo de temas que históricamente han sido tachados de tabúes por su complejidad (y obviedad), como la sexualidad, sino también asuntos económicos, laborales y académicos. Recuerdo a una profesora de la Universidad, quien me contó que a ella le tocó sentarse afuera de los salones de clases, porque las mujeres todavía no tenían permitido estar dentro de un aula (no, de verdad, ¿lo pueden creer?). Pienso, también, en una amiga que me contó, con voz silenciosa, que estaba embarazada y que no quería tener al bebé. Recuerdo perfectamente que me quedé muda ante sus palabras, no por otra cosa que ignorancia. ¿Qué podía decirle? ¿Qué necesitaba? ¿Un consuelo, fuerza? ¿Algún dato médico que pudiera serle de interés? ¿Una coartada para faltar a su oficina? Simplemente me limité a escucharla, y traté de decirle algo inteligente, que a la fecha creo que no fue así. Al final no tuvo a su bebé, y por la manera en que ocurrió todo, ahora bien reflexionado, de verdad me hubiera gustado que contara con el apoyo médico que legalmente le pudo haber sido brindado, pero por el miedo que sentía no pidió, y decidió hacerlo a escondidas, poniendo en riesgo su vida.

También recuerdo a esa amiga que recibía maltrato psicológico de su novio (ahora ex, gracias), por miedo a quedarse soltera. Porque, en serio, pensaba que lo peor que podía pasarle era no  estar en una relación, por lo que aguantaba lo que sea de este patán (y cuando me acuerdo de algunas relaciones tóxicas que yo misma he tenido, mi enojo aumenta, especialmente cuando mis conocidos me dicen “sí lo veíamos, pero para qué decirte algo”).

Y así, mientras escribo estas palabras, poco a poco llegan a mi mente todas esas chicas cercanas a mí que buscaban auxilio de manera silenciosa: la que tuvo que lidiar con una enfermedad mental (quizás esquizofrenia, ahora es imposible saberlo); la que fue acosada por su jefe, O quizás no ir tan lejos: mi mejor amiga, que sufrió de bullying en la escuela, por el hecho de que no se maquillaba.

Ahora que vemos con otros ojos esto, es fácil notar cuánto hemos permitido que pase sobre nosotras. Y que tener tabúes no sólo afecta a las que viven esas experiencias directamente, sino que no nos permiten tener las palabras o acciones correctas para ayudar a las demás.

Y si bien he escrito sobre el tema con un tono pesimista, aquí está la luz del túnel: eso ya está cambiando. Algo bueno tiene el recordar mi silencio y mi poca madurez cuando me contaban todas esas cosas: a mis 30, al ver las noticias, los reclamos, los testimonios y lo que cuentan mis amistades, ahora tengo totalmente claro –como el agua, como un cristal– que buscaría todos los caminos y medios para apoyar a alguien. Preguntando “¿Qué necesitas?”, buscando medios, respuestas, o simplemente como compañía, porque también he aprendido que sí puedes ser de mucha ayuda, si simplemente eres un hombro para llorar.

Es bueno saber que nos podemos ayudar entre nosotras, y que es más fácil informarte para tomar decisiones con el total control de tu vida. Es increíble ser conscientes de que somos esa generación que quita el florero y el mantel, para arrebatarle su poder a los tabúes: somos esas mujeres que les damos voz… y les buscamos una solución.

*Esta columna se publicó originalmente en la versión impresa de la revista Glamour México y Latinoamérica, en marzo de 2018.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s