Glamour en el tiempo

La revista que tienes en las manos cumple 20 años. ¿Qué conclusiones se pueden tomar al ver el paso del tiempo en una revista femenina?

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Ilustración: Alejandro Herrerías

En Viernes o los Limbos del Pacífico del escritor Michel Tournier, hay una parte donde Robinson Crusoe descubre cuánto tiempo ha pasado en la isla a la que llegó en calidad de náufrago, tiempo del cual él no fue consciente por la ausencia de relojes o cualquier aparato que pudiera medir los días. 28 años vivió ahí, le dijo quien lo rescató, ni más ni menos. Y entonces, Tournier escribe: “El tiempo se desplomó sobre sus hombros […] y repentinamente pasó a ser un hombre viejo”.

 

El paso del tiempo es muchas cosas, pero déjenme decirles que cuando te preguntan qué estabas haciendo hace 20 años, y tienes una respuesta clara, y que no son recuerdos perdidos, que se ven como fulgores… Tournier lo dijo muy bien: sientes un peso tremendo caer sobre ti.
Tenía 10 años, e iba en la primaria. Me sorprendían cosas como ver a Madonna con una blusa transparente en su disco Ray Of Light; veía MTV, Cartoon Network y Nickelodeon como obsesionada, la década de los noventa estaba en su apogeo con su moda chillona, y pensábamos que el mundo nos iba a durar para siempre. (Y claro, también había nacido Glamour).

Los años pasaron, y cuando salí de la universidad, por alguna razón pensé que me iba a dedicar a escribir sobre política. Estaba en mí un atisbo de la vena feminista, aunque sin madurar, con muchas ideas que todavía no estaban tan bien formadas, y cargada de miedos que me ha costado mucho expulsar de mi sistema. Pero –como siempre– la vida misma se encargó de mostrarme que nada es tan sencillo, que todo puede cambiar en un pestañeo, y cuando menos lo esperé, ya estaba sentada frente a una computadora, con una colección de Glamour’s para familiarizarme con el mood… y seis años después, aquí estamos.

Mientras pienso detenidamente esta columna, me puse a revisar algunas revistas de hace veinte años como inspiración. Y mi primera impresión, fue ver que seguimos con las mismas inquietudes, pero –afortunadamente– lo que ha cambiado es la perspectiva desde donde lo vemos, y el lenguaje con que lo desarrollamos. Cuando en su momento nos preguntábamos “cómo descifrar la mente masculina” (¿a alguien le sigue importando?), ahora tratamos de descifrar el amor en todas sus formas, y su infinidad de posibilidades. Están los artículos de sexo y salud (pero definitivamente no con la libertad que tenemos ahora). Pasamos de preocuparnos por cómo nos vemos (lo peor: ¡para que los demás nos aprueben!) para mejor tener una filosofía de bienestar y amor propio. Eso sí, los horóscopos siguen intactos (#LibraForever).

Y aquí va otro dato interesante: desde entonces, hay artículos sobre cómo aprender a expresar lo que sientes, a ser más fuerte y exigir tus derechos. Ver esta huella del pasado, y notar cómo siguen siendo problemáticas con urgencia de respuesta en el presente, demuestra que todavía falta mucho camino por recorrer… y que no nos vamos a cansar hasta obtenerlo. Y entonces está el consuelo de que ahí ha estado la revista en la que orgullosamente he trabajado, y aunque sólo ha sido una parte pequeña dentro de su larga historia, como mujer, me siento orgullosa de dar lo mejor, siempre tratar de nutrir mis conocimientos y fortalecer esta vena abierta feminista, que se siente más viva que nunca.

Ok, no estoy en el canal del congreso, no encabezo marchas, ni escribo sobre política como creí que pasaría saliendo de la Universidad. Pero veo el Zeitgeist de mi generación a través del mundo del entretenimiento. Y trabajamos artículos sobre el empoderamiento femenino, descubrimos cómo brillar con tu propia luz, y cómo puedes impulsar esa tenacidad, con la moda y la belleza. Y al compararlo con las páginas quebradizas de esas revistas de hace 20 años, es refrescante este nuevo lenguaje… esta increíble libertad.

De cierta manera pienso que al final sí estoy en la trinchera política, pero una mejor; una que sabe que las mujeres somos multidimensionales y ponemos en la mesa, esos temas que se deberían estar analizando, sí o sí.

Esta columna, que más buen es una carta de felicitación (y de amor) termina con esta conclusión: ser editora de una revista femenina, me enseñó a ser una mujer plena. Y que sea un recordatorio de nunca olvidar el propósito de contagiar ese espíritu de poder, a quien nos haga el favor de tenerla en sus manos.

Y a diferencia de Robinson Crusoe, yo, al ver cuánto he crecido y vivido estos 20 años… se posan sobre mis hombros la certeza de mi talento y la conciencia de que podemos ir por más.

Feliz aniversario, Glamour. Gracias por tanto.

*Esta columna se publicó originalmente en la versión impresa de la revista Glamour México y Latinoamérica, en Octubre de 2018.

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