
Mi gato murió hace un año.
Hace exactamente un año yo no era yo. No dejaba de llorar mientras abrazaba su cuerpecito y me negaba a dormir, porque despertar significaba que el mundo siguió sin él. Me puse a ver una serie, obligándome a ni siquiera cabecear, pero como lo dije en su momento: hay veces en que debes aceptar que no le puedes ganar a la muerte, y hoy agrego que tampoco le puedes ganar a la necesidad del descanso, no importa si la lucha es para mitigar el dolor. Hay batallas para las que nacimos ya perdiendo.
Pero está bien. Fue un gatito feliz, fui una mujer feliz con él. Con él conocí esa conexión mística que se puede tener con una mascota, y creo que pocas personas pueden presumir eso. Pero el mundo avanzó, y yo también seguí adelante, sin él. A regañadientes, sin él.
Estos días, algo que pienso mucho: todo eso que ya no le tocó vivir conmigo.
- A Pirata ya no le tocó verme jugar The Legend of Zelda: Tears of The Kingdom. WIRED US reseñó este juego así: “In 2017, Breath of the Wild was a gift from the future; in 2023, its sequel is the pinnacle of the present.” A Pirata ya no le tocó verme jugar esta obra maestra. No le tocaron mis gritos enojados, o mis muecas de “wow, qué lista soy” cada vez que hacía algo inteligente en el juego (o que al menos me salía con la mía). No le tocó verme llorar con algunas secuencias, ni buscar rupias hasta por debajo de las piedras, justo como en la vida real. Pero al menos tuvimos Breath of the wild juntos.
- A Pirata ya no le tocó avanzar en alemán conmigo. Todas las mañanas Sorata y Pirata entraban a mis clases virtuales de alemán. Sorata se sentaba en mis piernas, Pirata se quedaba en la camita que está atrás del escritorio. A veces se asomaban a la cámara, y el profesor nos pasaba lista. Ya iba en B2.1. Pocos gatitos pueden presumir eso. Sorata y yo ya vamos en el B2.5. Juju se duerme en otro cuarto, pero siento que ella es más de portugués.
- A Pirata ya no le tocó ver la segunda temporada de Jujutsu Kaisen. Como testigo primario de mi caída a esta obsesión llamada Jujutsu Kaisen, ya no le tocó ver la segunda temporada animada. Lo que sí presenció fue verme leer el manga. Vio cuando tiré el libro a un lado después de ver lo que le pasó a Nanami Kento. Le tocó verme fascinada al leer algo tan caótico, desordenado, atractivo e interesante. Nada igual a la literatura esterilizada (que también me encanta, pero ps).
- A Pirata ya no le tocó recibir a más personas a mi casa. Me gusta invitar gente a mi hogar. Recuerdo particularmente una plática con un ex, quien me insistía –necio, palurdo, gris– que para qué comprar un sofá grande, para qué un comedor grande, “si no quiero nadie aquí“. Está bien, gustos personales (desde ahí debí saber. O quizá siempre lo supe). Pero me gusta tener gente aquí. Ver tele en conjunto, que saquen y vean mis libros, que saluden a mis gatitas. A Pirata ya no le tocó saludar a nuevas amistades, nuevos turistas, gente de paso.
- A Pirata no le tocó verme en mi peor December-blues. Qué manera de extrañarlo. Que se subiera encima de mí mientras durmiera y no me dejara darme la vuelta. Que me ronroneara en los pies. Eran días en los que me hubiera gustado ver su carita redonda, naricita rosa, su orejita con un cachito cortado.
- Pirata ya no me guió una vez más a la cocina. A veces en las madrugadas voy por un vaso con agua. Cuando Pirata estaba en este mundo, se bajaba de la cama y se adelantaba para guiarme por el pasillo. Se volteaba a ver si sí iba, y se quedaba junto a la puerta de la cocina mientras me servía dicho vaso. De regreso me guiaba por el mismo pasillo y nos acostábamos para continuar el sueño.
Ahora me toca ir y regresar sola.
Mi Pirata. La vida siguió, pero no hay día en que no te extrañe. Estarías orgullosito a tu felino modo. No me derrumbé. Hoy, diría mi Cuarteto de Nos (que los escuchabas siempre conmigo), camino siguiendo a mi corazón.
Nos vemos en el Mictlán, cuando me ayudes a cruzarlo, justo como me ayudabas a cruzar el pasillo de mi casa.